—¿Por qué esos dos son tan insoportables? —masculló Carmen mientras caminaba rápido hacia su refugio de siempre cuando estaba encabronada, triste o hecha mierda.
Un árbol-casa en medio de un campo lleno de margaritas. Hacía una eternidad que no pisaba ese lugar.
Se había metido por el camino secreto para que esos dos no la encontraran.
—¿Dónde se metió? —Bastian se rascaba la cabeza, porque había seguido el camino y de repente… nada, Carmen había desaparecido.
—¡Carmen! —gritó Bastian.
—¿Dónde