Leonel acababa de quedarse dormido cuando sonó su teléfono. Enterró la cara en la almohada mientras su mano se estiraba para buscar a tientas la mesita de noche y contestar la llamada.
En cuanto vio que era Carmen quien llamaba, Leonel se incorporó de un salto, murmurando.
«¿Por qué llama Carmen a estas horas?».
«Hola».
«Leonel, mi mamá ha muerto».
Carmen sollozaba.
«¡Mi mamá ha muerto!».
«¿Qué hago?».
«¡No quiero perder a mi mamá, Leonel!».
«Carmen, cálmate. Cálmate. Dime dónde estás ahora mis