Esto no es un cuento de hadas, mientras el ruso lleva su vida mas “normal”, sigo encerrada, hace tres días fui a la librería, y conocí a Paolo, un italiano carismático, que si no fuese por la intervención de mi guarda espaldas, hubiéramos intercambiado números de teléfono.
Molesta, resoplo viendo hacia un lado de la sala de estar, Oscar, le fue con el chisme al ruso de que fui imprudente al hablar con un desconocido, así que, estoy con los brazos en jarra, escuchando su sermón.
—Las cosas están