No quiero darme por vencida.
—No quiero una guerra contigo Margot—inquiere el ruso cuando estamos fuera, sigo de la mano de mi amigo y el del de su esposa.
—Mañana hablaremos—damos la vuelta y deseo de verdad que toda esta pesadilla acabe—Odio que me amenace primero y luego quiera arreglar el asunto.
—Odias eso ¿o el hecho de que lo haya dicho, con su esposa presente?
—¿A qué te refieres con eso?
—A que es el hombre que amas, del brazo de otra persona, con el título que algún día añoraste.
Suel