Al regresar de mi breve escape, me doy por enterada de que Oscar, no me perdió nunca de vista, no es de extrañar, es un tipo entrenado.
Pongo las cartas sobre la mesa, voy a trabajar como lo hice desde que llegué aquí, es el trato, me siento en deuda con los Novikov.
Voy en el automóvil con el ruso, esta callado desde anoche, apenas ha respondido a los buenos días.
No está metido en el periódico o en algún libro, menos en su celular, solo está ahí, sosteniendo su barbilla, de piernas cruzadas