Berlín, Alemania
Emilia
Cierro los ojos, pero las voces no se van. No puedo borrar los gemidos, las súplicas ni las miradas perdidas que me suplicaban por algo que no supe cómo darles.
Me revuelvo en la cama como si pudiera sacudirme la culpa de encima, pero solo logro hundirme más en ella. Las sábanas se sienten como barro, la almohada como piedra. Estoy atrapada en una jaula que no tiene barrotes visibles, pero que me asfixia igual. Y aunque el reloj me dice que la noche avanza, mi mente sigu