Berlín, Alemania
Viktor
El silencio de mi oficina es bienvenido. Después del día agitado que tuve ayer y el maldito interrogatorio de Helena esta mañana, necesito concentrarme. Los números en la pantalla empiezan a bailar frente a mis ojos, pero logro poner todo en orden. Un par de llamadas más, revisar un par de contratos, y por fin siento que el día comienza a enderezarse.
Entonces, llaman a la puerta. Es un sonido suave, casi tímido, muy distinto a la forma en que mis hombres suelen golpear.