Berlín, Alemania
Emilia
Camino una y otra vez por toda la estancia. De una pared a la otra, midiendo con mis pasos el pequeño espacio en el que estoy atrapada. Este lugar es asfixiante.
Las paredes de piedra son frías y húmedas, el aire huele a encierro y moho. El único sonido que me acompaña es el eco de mis propios pasos y el golpeteo esporádico del agua filtrándose por alguna grieta.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde que Konstantin me encerró aquí. Dado que no hay ventanas, no hay relojes