Apollo
Clavó la mirada en mi pene, con los labios entreabiertos, como si no pudiera creer que existiera uno así de grande. El movimiento de su garganta al tragar reveló exactamente lo que pensaba. ¿Cómo iba a caber dentro de ella?
No le di tiempo para pensar. Ya no tenía paciencia para ninguno de los juegos que creyera poder intentar conmigo. Me incliné sobre ella y la empujé contra la cama hasta quedar cara a cara mientras nuestros alientos se mezclaban. Respiraba deprisa y un rubor se extendía