Grace
Nunca me había sentido tan llena. Hasta ese momento, ni siquiera sabía que la verga de un hombre pudiera llegar tan adentro. Aquella mezcla embriagadora de placer y dolor leve me cortó la respiración; todos los nervios de mi cuerpo cobraron vida.
No eran las torpes caricias de un muchacho. Era un hombre que me cogía y hacía suyo cada rincón de mi cuerpo.
Me mordí el labio inferior para evitar gemir. El calor me recorrió la piel y entreabrí los labios, consumida por el deseo. Clavé las uñas