Grace
Ni siquiera tuve tiempo de recuperar el aliento. El pecho aún me subía y bajaba con fuerza y tenía los labios hinchados y húmedos por sus besos. Antes de que pudiera siquiera pensar, volvió a moverse.
De pronto, estaba sentado en la cama, con las piernas abiertas y mi cuerpo pegado al suyo. Antes de que pudiera reaccionar, deslizó las manos bajo mis muslos, me levantó sin esfuerzo y me acomodó sobre sus piernas. Abrí los muslos a su alrededor y, en un instante, el calor se me acumuló bajo