Grace
Nunca en la vida había visto algo tan excitante.
Cerró los labios alrededor de los mismos dedos que acababa de usar para destrozarme y los chupó sin prisa, como si tuviera todo el tiempo del mundo. Su lengua se deslizó entre ellos, como si saboreara la mejor parte de mí.
Cuando por fin se los sacó de la boca, se pasó la lengua por el labio inferior para recoger hasta el último rastro. Entonces habló en el tono más bajo y ronco que le había oído esa noche.
—Dulce.
Me temblaron las rodillas.