Apollo
Miré los documentos sobre mi escritorio y, poco a poco, las palabras empezaron a confundirse mientras entrecerraba los ojos. Un dolor intenso y familiar comenzó a palpitarme en las sienes.
Otro dolor de cabeza. Suspiré con fastidio, me quité los lentes y los dejé sobre el escritorio. Me recliné en la silla y me presioné las sienes con los dedos. La oficina estaba oscura y vacía. No pude evitar sonreír con ironía.
Igual que yo. Miré el reloj de pared. Eran las 10:03 p. m. Claro. Había vuel