Grace
Gemí y me llevé una mano a la cabeza. Hice una mueca cuando una punzada aguda me atravesó el cráneo.
—¿Qué carajos...? —murmuré con voz ronca. Sentía como si alguien me golpeara el cerebro con un martillo.
Volví a gemir y apreté la palma contra mi frente. Me dolía todo el cuerpo, como si hubiera corrido un maratón o me hubiera atropellado un camión. Me puse boca arriba y exhalé, con la esperanza de que el techo dejara de dar vueltas. Sin embargo, el aire frío que me rozó el pecho me dejó p