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Punto de vista de Lila.
La boutique olía a seda vaporizada y perfume. Música suave. Voces aún más suaves. Estantes llenos de blanco sobre blanco, como nieve que se podía vestir. Mamá ya estaba radiante antes de entrar. Besó a la dueña en ambas mejillas como si fueran primas. La seguí con la funda para vestidos que no necesitaba, mientras bebía la limonada que les daban a las novias nerviosas.
—Esta es de la que te hablé —le dijo mamá al consultor, dándome una palmadita en el brazo—. Mi hija.