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Damien.
Hay una paz especial que llega justo después del sexo. No me refiero a la romántica, a la de las conversaciones íntimas. Hablo de ese silencio profundo e instintivo cuando el cuerpo está agotado, la mente en blanco y el pecho aún se agita como si acabaras de librar una batalla y hubieras salido ileso. Esa era la paz que sentía, abrazado a Lila en mi cama, con el sudor secándose en nuestra piel y su pierna apoyada perezosamente sobre mi cadera. El sol ni siquiera había salido del todo