Lila.
Vivian me besó en la mejilla, revisó las ruedas de su maleta y bromeó diciendo que las almohadas del hotel eran mejores que las nuestras. Abrazó a Damien en la puerta y le dijo: «Mantén la casa en pie». Él respondió: «Siempre». El coche arrancó. La casa exhaló.
Ya estaba a mitad de las escaleras con una bolsa de viaje, lo cual era ridículo porque vivo aquí. Él lo vio y negó con la cabeza como si estuviera loca.
—No lo hagas —dijo.
—Una semana —dije—. Me mudo a tu habitación.
“Debemos tene