Una sorpresa del futuro.
Mientras devoro la cena, esa imagen descarada se proyecta en mi cabeza como un cortometraje averiado: tan enorme, tan sofocante, tan atrayente.
De repente doy un brinco y me bebo la soda de una sola vez.
—¿Comiste sin mí? —pregunta Mark, saliendo del baño con la toalla atada a la cintura y otra pequeña entre las manos.
Pongo los ojos en blanco y organizo el desastre que dejé mientras comía.
Mark se seca la cabeza con la pequeña toalla, y verlo frotarla luego sobre sus músculos me desestabiliza