—Tomen asiento adelante, no sean tímidos —nos da la bienvenida con una voz cálida y dulce. Se alisa el vestido color café y camina hacia la cocina.
Me tomo un momento para admirar la decoración. Es algo retrógrada, pero de buen gusto: un florero rústico amarrado con mimbre raído y sogas alargadas descansa bajo la ventana; dos flores amarillas adornan el respaldo del sofá y un portarretratos antiguo ocupa una pequeña mesa lateral.
De pronto, un exquisito aroma a café me cosquillea la nariz y me