—Dos habitaciones, por favor —pide Mark, ignorando las miradas cada vez más provocativas de la recepcionista.
—No hay… perdón… me queda una —susurra casi pavoneándose.
Mark me dedica una mirada, luego vuelve a la chica y acepta sin más.
—¿La quiere… para usted y su novia? —averigua, rodando sus ojos indeseables sobre mí.
Mark vuelve a mirarme y niega con la cabeza.
—¿Las llaves? —pregunta, señalando el llavero que la chica sostiene entre los dedos.
—Si necesita algo… búsqueme —lo insinúa ella,