En la oscuridad.
—¿Sam? —chillo, buscando con desesperación una puerta donde juraría haberla dejado. Esto es imposible.
—¡Espera! —gruñe. Está tan, o más desesperado que yo por encontrar una solución.
A lo lejos se acerca Asher: imponente, seguro… aunque su figura se vuelve borrosa. Me zumban los oídos y siento que nada existe a mi alrededor.
—Estela… ¡ya !—murmura.
Cuando su voz me alcanza, la realidad desaparece. Estoy en un campo soleado, cubierto de flores amarillas: narcisos.
—¿Qué…? ¿Dónde estoy? ¿Qué hic