La gala.
Me quedo completamente inmóvil, como si cualquier movimiento pudiera romper algo dentro de mí.
—Estela… Estela, ¿estás? —la voz llega amortiguada, distante, como si atravesara agua espesa.
Parpadeo varias veces antes de reaccionar y me incorporo con brusquedad, aspirando aire como si acabara de emerger de un sueño profundo.
—Sí —respondo, mintiendo sin pudor. El corazón me golpea el pecho con violencia y la voz me traiciona con un leve temblor.
Sam no parece convencido, pero no insiste.
Cuando