Los ojos de todos seguían puestos sobre mí, observé a Kael, quieto y alerta como siempre, sus ojos grises eran fríos, y Stefano, tenía la respiración entrecortada, apretaba sus puños con fuerza, me miraba fijamente, esperaba mi respuesta, Livia estaba a su lado, aferrándose a su brazo con fuerza.
Respiré profundamente, para darme valor, la voz del anciano se escuchó de nuevo.
—Chiara Vigo, la decisión es tuya. ¿A cuál de los dos eliges como tu consorte?
Respondí sin dudar un solo instante.
—Eli