Rodamos por la nieve, dos Alfas hechos furia. Él trataba de inmovilizarme, yo trataba de morderle la cara. Sentí sus garras rozarme, mis uñas arañaron su mejilla, y brotó sangre caliente.
Los demás nos miraban, paralizados, sin atreverse a intervenir. Dos líderes destrozándose, justo cuando más necesitábamos estar unidos.
—¡Basta! —Ordenó un rugido.
El Alfa anfitrión se lanzó entre nosotros, separándonos como si fuéramos cachorros.
—¿Están locos? —su voz nos hizo reaccionar— ¡El enemigo está ah