“Ese es su error,” murmuró Lira. “Cree que el miedo es lo que me frena.”
—No le temo a luchar contigo —dije, por fin mirándolo a los ojos— le temo a aburrirme. Tus movimientos son tan predecibles como tus intentos de seducción.
Los guerreros a mi alrededor contuvieron la respiración. Kael perdió la sonrisa. Su rostro se endureció.
—Entonces demuéstralo —retó— un asalto, sin garras, sin colmillos. Solo fuerza bruta, a ver si esa lengua afilada es igual de rápida cuando la tienes contra el suelo.