Por la mañana desperté antes que Stefano, su brazo seguía alrededor de mi cintura, aspiré su aroma, me quedé inmóvil, escuchando el ritmo constante de su respiración, suave, profunda, por un instante me permití soñar que era solo mío.
Minutos después Stefano se removió, y abrió los ojos, su mirada oscura y penetrante me atrapó al instante, después me sonrió, me atrajó hacia él y me habló al oído.
—En unos días —dijo, en voz baja, aún áspera por el sueño— reuniré a toda la manada. Quiero present