La imagen del cuerpo del guerrero aún estaba grabada en mi mente cuando volví al campamento. A cada paso sentía como un gran peso sobre mis piernas. No podía dejar que nadie notara mi inquietud, así que entré a la cabaña como si nada.
Me miré al espejo, en el cuello tenía un moretón y alrededor marcados dientes, no era una marca formal, pero sí una advertencia. Stefano me había reclamado con el cuerpo, aunque su mente todavía dudaba.
Lavé la zona, y me vestí con ropa limpia, elegí algo que me