Amelie Mason.
Octavio entró a mi oficina con ese aire inquisitivo que siempre lo acompañaba. Apenas se sentó, empezó a interrogarme sobre mi vida durante el tiempo que estuve lejos. Yo respondí con evasivas, lo justo: un viaje por el mundo, algunos asuntos personales, nada más.
Él, en cambio, hablaba como si hubiese estado esperando ese momento desde hacía meses. Me resumió lo ocurrido en la compañía: reuniones fallidas, tensiones, un ambiente podrido por las ambiciones cruzadas. Y aunque lo es