Damián Feldman.
—Vaya casualidad… yo también necesito hablar contigo —dijo ella.
Me quedé estático. La verdad es que yo no tenía nada importante que decirle; o bueno, no que le importara realmente, mi desconcierto nacía del hecho de que ella quisiera hablar conmigo. Así que intenté persuadirla.
—¿En tu oficina o en la mía?
—En la mía, pero no será hoy, Damián. Es tarde y debo irme ahora mismo. Nos vemos mañana, agenda una reunión con mi secretaria.
Bajó la cabeza en señal de despedida, apreta