Damián Feldman.
—¿Está enferma? —pregunté de nuevo, sin poder ocultar mi ansiedad.
Amelie estaba pálida. Al verme, tragó saliva con dificultad.
—Creo que eso no es asunto tuyo, Maximilien. —Pasó a mi lado sin mirarme, con ese orgullo herido que tanto la caracterizaba.
La tomé del brazo con suavidad, impidiéndole avanzar.
—Podría ser muy bien, un asunto mío.
Desde aquella noche, una sola posibilidad me rondaba la cabeza, el embarazo. El malestar, las náuseas, ese rostro descompuesto... nada era