Damián Feldman
Ajusté mi chaqueta cuando la vi salir de la oficina. Y ahora, por extraño que sonara, amaba aquella actitud imponente y desafiante con la que Amelie había vuelto. Esa nobleza e inocencia que la caracterizaban antes de irse parecían haberse desvanecido junto a su cuerpo de jovencita ingenua. Sonaba casi rancio decirlo, pero hasta su figura mostraba a una mujer nueva e imponente, como si la vida la hubiera cincelado con golpes y la hubiera convertido en mármol pulido.
¡Maldita sea