Damián Feldman
Regresé a mi departamento, pero la cerradura no respondió. Giré la llave con más fuerza. Nada, probé el código de seguridad, pero fue completamente inútil.
Fruncí el ceño.
Todo indicaba que el acceso me había sido revocado, y no había sido precisamente un accidente.
Vivía en un ático exclusivo al norte de la ciudad, propiedad que había elegido cuando me independicé a los veintitrés. Un lugar que construí a mi manera, lejos de la mansión familiar.
Intenté un par de veces más, trat