Amelie Manson.
El elevador tardó una eternidad en llegar al piso de presidencia. Cada segundo era una tortura, cada zumbido del motor parecía burlarse de mis nervios alterados. El simple hecho de imaginarme frente a Damián me arrancaba el aire del pecho, así que, incapaz de esperar más, empujé la puerta de emergencia y tomé las escaleras. Bajé los escalones de dos en dos, como si mi vida dependiera de que él no me alcanzara. No me atrevía a mirar atrás; no quería descubrir si realmente me segu