Amelie Manson.
Me quedé con el teléfono en la mano, mirando la pantalla como si aún no pudiera creer lo que había pasado. ¿Damián… colgándome? ¿Quién demonios se creía para tratarme así?
Las palabras de Octavio me retumbaban todavía en la cabeza: Feldman estaba en sus últimos días, y yo, atrapada en un callejón sin salida, apenas podía hacer algo. Sentía que me arrancaban el aire.
La pantalla del celular se iluminó. El corazón me dio un vuelco, esperanzada de que fuera él, pero el suelo se me