—…El padre de mis hijos —repitió, con una voz tan baja que apenas la escuché.
Todo mi cuerpo se tensó.
La mirada de Amelie estaba clavada en mí. Había rabia, había miedo… pero también tenía verdad. Una verdad desnuda, desesperada, insoportable, que me urgía saber, Tragué saliva, podía oír mis propios latidos golpeando con desespero mi pecho.
—¿Vas a decirlo o vas a seguir usando ese embarazo como un arma? —solté con desdén, intentando protegerme, pero la voz me tembló.
Ella se quedó en silenci