—Buenas noches, señoritas. —dijo Lucy, al verlas allí de pie frente a su sala personal, era un lugar famoso en la ciudad por su belleza, a la joven le gustaban las artes y allí tenía también su pequeño atelier.
—Hola, princesa. —dijo Eva, haciendo una reverencia, Maya la miró con desconfianza.
Las invitó a pasar y las chicas estuvieron contemplando el lugar entero. Los ventanales eran enormes, por lo que la claridad que se filtraba era muy agradable, incluso si era la luz de la luna llena. Habí