El soldado me observaba con desconfianza, mirándome de arriba debajo de forma despectiva. No creía que Seth y yo fuéramos viajeros, eso era evidente. Sin embargo, rogaba por que creyera mi mentira de que buscaba a mi hijo mayor.
Ese silencio me estaba matando, el miraba sin decir ni una palabra y los hombres nos seguían apuntando. Era aterrador pensar que, con un movimiento de su mano y una indicación, nos perseguirían por toda la ciudad para cazarnos y matarnos.
—Mi esposa debe ir a un lugar s