Al subirse al caballo, Eva no pudo más que dejar que le escapara una lágrima de nostalgia mezclada con alegría. Saber que pronto acabaría todo y podría marcharse, alejarse tanto y no volver a mirar hacia el pasado nunca más. Ya no era la dama encerrada, ni la doncella enferma por amor, era una mujer poderosa y fuerte, con su propia ferocidad, siendo única en el mundo.
El viaje no era tan largo como parecía, la ciudad estaría bien custodiada y todos deberían acampar varios kilómetros más atrás p