En la ciudad, la boda marchaba viento en popa, Louis y Lilia esperaban para repartir el pastel de bodas. Lilia había tenido que engañar a Louis, diciéndole que ya había atrapado a Teo y lo mantendría encerrado en su cuarto hasta que la boda terminara, para que no se le ocurriera echar a perder todo el evento.
—El día de hoy no te ves tan mal. —dijo Louis, a modo de cumplido, mirándola con los ojos distraídos.
Lilia llevaba su bello vestido de diseñador, parecía una autentica princesa sacada de