Dimitrios estaba en su oficina, revisando un informe, cuando su teléfono comenzó a sonar. Era una llamada de un número desconocido. Frunció el ceño, pero respondió, esperando que no fuera algo trivial.
"¿Dimitrios Katsaros?" preguntó una voz grave y burlona al otro lado de la línea. Dimitrios se quedó inmóvil. Había algo familiar en ese tono, algo que le provocó un escalofrío.
"¿Quién habla?" preguntó con frialdad.
"Ah, no me digas que ya me olvidaste," dijo Leonidas, dejando escapar una risa s