El dolor punzante en la cabeza de Amara fue lo primero que sintió al abrir los ojos. Su respiración era pesada, y la habitación estaba mal iluminada, con un olor a humedad y óxido que le revolvía el estómago. Cuando intentó moverse, se dio cuenta de que sus muñecas estaban atadas a los brazos de una silla vieja y chirriante. Miró a su alrededor, desesperada, hasta que vio una figura en el suelo. Su corazón dio un vuelco.
"Lia..." murmuró con un hilo de voz. Su amiga yacía a pocos metros de dist