Punto de vista de Lila
Cerré de un portazo la puerta de la pequeña habitación de servicio con tanta fuerza que el marco tembló.
Me temblaban las manos. Me temblaba todo el cuerpo.
Aquel contrato seguía quemándome detrás de los ojos, cada cláusula sucia impresa en el interior de mi cráneo como una marca a fuego.
«Ven a mi habitación a las diez.»
Apoyé la espalda contra la puerta y me dejé caer hasta quedar sentada en el suelo frío, con las rodillas contra el pecho.
Las diez en punto.
Apenas eran