Un suspiro involuntario salió de mi boca. Entreabrí mis labios y dejé que su presencia y su aroma me invadiera. Por un instante me permití ceder; sin embargo, de inmediato se apartó, privándome de él, dejándome sentir su ausencia.
Gruñó y se alejó de mí, viéndome con esa sonrisa de burla que empezaba a enervarme.
—No, no voy a follarte, primero haré que me supliques —dijo con un tono socarrón que me enfadó y aunque quise decirle que esperara sentado, lo cierto fue que solo guardé silencio, teme