Por un instante, Tessa solo pudo quedarse paralizada, viendo la sangre gotear sobre su piel.
Finalmente reaccionó, o más bien, se vio obligada a reaccionar cuando él la lanzó contra el piso para protegerla.
Magnus quitó la flecha de sus manos, arrancándola y partiéndola en dos antes de dejarla caer en el piso. Un gruñido gutural salió de su boca ante el dolor y en el piso de la habitación resonó el eco del golpe de la flecha.
Apretó los dientes y a su vez miró a Tessa.
Ella se puso de pie de in