Madre Superiora Miranda
A veces pienso que la paciencia es como un rosario de mil cuentas: se requiere tiempo, fe y voluntad para terminarlo completo sin perderse. Y justamente hoy, al subir al autobús con las hermanas Teresa y Guadalupe y el padre Sebastián, sentí que mi rosario interior estaba a punto de romperse. Todo por culpa de mi hermano, Pablo Salvatierra.
—¡Ese hombre…! —bufé, acomodándome el hábito mientras nos sentábamos—. Si tan solo pudiera darle un buen coscorrón como cuando éramo