Sofía
Después de que terminamos de repartir todos los alimentos y limpiar cada rincón de los pasillos, sentí que mis pies ya no me pertenecían. Caminaba como zombie con hábito, y aunque quería ir directo a mi habitación, algo en mi pecho me hacía voltear la mirada constantemente.
Fernando estaba al otro lado del comedor, guardando bandejas junto a la hermana Guadalupe. Nuestros ojos se encontraron un par de veces y, cada vez que pasaba, sentía un calor extraño subir desde mi estómago hasta mis