Sofía
Quería despejarme, colocar mis pensamientos en orden, así que salí que le pedí a la madre Teresa ser yo quien iba por los víveres que hacían falta.
El cielo estaba despejado, pero una brisa fría me erizaba los brazos mientras caminaba por la calle de tierra que conectaba el convento con el pueblo.
Llevaba mi cesta de mimbre colgada del brazo, pensando en la lista de cosas que me había pedido la Madre Teresa: harina, levadura, tomates, y un poco de café para el padre Sebastián que ya no