Sofía
Abrí la puerta con una sonrisa cansada, esperando ver a algún vecino curioso o tal vez a un vendedor ambulante de empanadas, porque sinceramente, después de correr tras gallinas y casi morir atacada por Zeus, mi día no podía empeorar.
Bueno, me equivoqué.
Cuando vi quiénes estaban ahí, mis ojos se abrieron tanto que sentí que se me iban a caer de la cara. Eran dos oficiales de policía, con sus uniformes azul oscuro, gafas negras y expresiones tan serias que hasta sus cejas parecían estar