Sofia
Entré a la biblioteca intentando que mis pasos no temblaran, aunque sentía el corazón palpitándome en la garganta. No solo estaba mi padre, sentado en su enorme escritorio de roble, con ese traje gris y su mirada dura como el mármol. No. También estaba Leonardo, el hombre que supuestamente sería mi prometido, y… mi hermano mayor, Salvador.
Respiré profundo y forcé una pequeña sonrisa al ver a mi hermano
—Padre… —lo saludé con un leve gesto de cabeza.
Mis ojos se posaron en Leonardo y, si