La sala estaba en silencio.
La luz suave del techo no conseguía contrarrestar la tensión que se había instalado entre ellos.
Sean se apoyó en el borde de la mesa.
Julie permanecía de pie, cruzada de brazos, con el rostro frío y los ojos encendidos.
—Savannah no sabía nada, Sean —dijo ella con dureza—.
No hasta ayer.
Y justo después de que te lo cuento a ti, resulta que hoy lo anuncia como si fuera su bendito logro.
¿Me vas a decir que es casualidad?
Sean la miró sin movers